Resiliencia

Podría contar algunas historias -por no decir muchas- sobre los mensajes subliminales que han ido apareciendo en mi vida, pero igual debería pedir una excedencia en mi puesto de trabajo. La otra opción y la que os aburrirá un poquito menos es contaros la última de ellas.

Esta tiene que ver con el significado de la palabra resiliencia. La resiliencia, según nuestra excelentísima RAE, viene a querer decir -y digo querer, porque es algo complicado- lo siguiente:

“La resiliencia es la capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad para seguir proyectando el futuro. En ocasiones, las circunstancias difíciles o los traumas permiten desarrollar recursos que se encontraban latentes y que el individuo desconocía hasta el momento.”

Pues bien, el último sábado me volví a encontrar con esta palabra -no era la primera vez y creo que no será la última- de repente y sin filtro. Un hecho que me hizo retroceder, recordar su significado y ponerme a pensar si yo pertenezco al selecto grupo de los resilientes.

No pude detenerme demasiado en mis pensamientos, que se entremezclaban con canciones infumables de reggueton, un fino aroma a ginebra y pisotones del maravilloso y alcoholizado público que apostillaba el pub cochambroso en el que llenamos de anticongelante el gaznate.

Sin embargo, volver a reencontrarme con aquella palabra, aquella noche, iba a devolverme las ganas de rellenar una pocas líneas en mi blog para decir con todas las letras que me considero un resiliente de los buenos.

Porque si de algo puedo presumir, es de mis desgracias. He llegado a bailar con ellas, a reírme de ellas y sobretodo, a motivarme con ellas para seguir dando el coñazo -que para mí dar el coñazo es ni más ni menos que pelear por tus sueños y mirarlos de frente-.

Cuando nos dejaste, aprendí a querer más, mejor y más fuerte a tus estrellas. A sacar los dientes y a sacar lo mejor de mí únicamente para ellas. La vida no iba a pararse y no valían lamentaciones, me enseñaste a ser un Sánchez y si algún día se me olvidaba, solo tenía que mirar al cielo, sentiros cerca y apuntar a mis dos estrellas con el dedo índice de la mano -para recobrar fuerzas-.

Cuando me dijiste que se había acabado, me empeciné en quererme tanto que nunca más volveré a sentirme como un grano de arena en el desierto.

Y cuando se suponía que no iba a ser capaz de sentarme junto a mi ordenador, con un pase de prensa sobre el cuello observando con la ilusión de un niño el partido que posteriormente sería una crónica escrita con mis dedos, entonces lo di todo por llegar -y llegué, te dije que llegaría-.

De eso va y así somos los resilientes, capaces de subir desde el asfalto hasta las nubes sin quemarnos los pies, porque todo está en tu cabeza.

Thank you Freckles.

S.

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