Silencios cómodos

Algo no para de dar vueltas en mi cabeza, se avecina tormenta.

Mientras, el silencio se incrusta en las paredes de mis pensamientos.

Al silencio no le hace falta compañía, se siente cómodo en su iniquidad infinita que en muchas ocasiones te hace perder los estribos. Esperas el mínimo golpe, sonido o acción que te separe de sus brazos para que todo vuelva a recobrar vida. Tus pensamientos se dispersan entre el ruido, se pierden con el sonido de la multitud, con una vieja canción que suena a lo lejos, con el romper de las olas, con el silbido del viento de otoño.

Te refugias en sonidos para no pensar en lo incómodo que resulta no escuchar nada, el silencio que te mata por dentro, que te incita a verte una y otro vez a ti mismo, a hacerte preguntas que se clavan en tus entrañas en una soledad inmensa que asusta.

Recuerdas, cuando el silencio asoma y te deja pensar, aquellas conversaciones vacías e incomodas en las que ese silencio del que no tiene nada nuevo -o bueno- que decir te deja una sensación algo desagradable. ¡Y cuántas veces las habremos tenido que soportar!

De todos modos, el silencio siempre está a la vuelta de la esquina. Aunque vivamos en una tormenta incesante de ruidos -algunos de ellos vacíos por dentro-, el silencio volverá una y otra vez. Tendrás que plantearte, en algún momento de tu vida, darle cabida a esos instantes de calma para degustar -y darte cuenta- que un silencio puede hacerte sentir cómodo. Con alguien -con esa persona-, con un libro, pero sobretodo contigo mismo. Disfruta del silencio.

S.

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