Determinismo

Se llenan la boca con la palabra libertad, desde su jaula de cristal.

Nunca la llegaron a saborear, prefirieron quedarse en la orilla, sintiendo el frío del mar bajo la planta de sus pies. Atisban a lo lejos aquello que muchos llamaron libertad, por lo que murieron ahogados persiguiendo un sueño de valientes un grupo de indomables.

Los que llegaron al otro lado con el esfuerzo de sus brazadas, a esos ya no los llegan a apreciar, escucharon susurrando la llamada de la libertad precedida de decisiones alocadas, impulsivas, de corazón, y se lanzaron de cabeza a la tempestad.

A aquellos que cruzaron un buen trecho a nado, es imposible verlos desde la orilla ni con un telescopio de la NASA. Se fueron para no volver, dejando un fino recuerdo a los que todavía no se atreven a lanzarse al mar en busca de su libertad.

No se dejaron engañar por esa panda de cafres que, con más corazón que cabeza, dejaron de vislumbrar a lo lejos para tocar con ahínco el sueño de todo ser que desea ser libre, si, la libertad. Y allí seguirán, esperando que vuelvan a este lado del océano, engañándose sin más, vencidos de miedo.

No se negocia, ni se pide. Se desea, se busca, se nada -interminables kilómetros-.

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