El efecto rebote

Necesitamos, de vez en cuando, sentir que todo está patas arriba para recogernos del suelo.

Un mal día -o unos cuantos-, una trágica noticia o una persona insoportable que se inmiscuye en nuestras vidas para darnos cuenta de una vez que toca reconstruir. Esos momentos en los que uno se pregunta “¿que estoy haciendo aquí?” o “¿cómo he podido llegar a esto?” son los que despiertan el alma de unos pocos valientes.

Lo que inspira no siempre es bueno. Puede que incluso se aprenda más de situaciones límite que de una vida plana sin obstáculos. Lo que inspira está en el día a día, lo que hoy es malo y causa un efecto totalmente negativo en tus entrañas mañana puede que te salve la vida, que te despierte.

Será quizá un libro, una persona, un momento de reflexión íntima y silenciosa o una tormenta la que te inspire y te devuelva al presente. Vivir dormido se acabó, ya hace tiempo que me di cuenta. Ahora solo trabajo en mí, en los obstáculos que están y en los que vendrán, despierto.

Buscando la inspiración dentro de mis pensamientos -y suena Coldplay de fondo mientras escribo, gracias por existir- para que el efecto rebote desaparezca para siempre. Porque ya no hay nada que me duerma, la vida es hoy y cada día me inspira, me despierta y me abre los ojos de par en par.

S.

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