Golden State Warriors: el embrión de la dinastía

Fuente: Kat Wade - SFC

La franquicia de Golden State Warriors es conocida actualmente como una de las entidades más lustrosas de la última década. Sin embargo, la imagen de un equipo superlativo que ha logrado alzarse con tres anillos en los últimos cinco años no siempre fue la misma. Los Warriors se recuerdan hoy como uno de los equipos más temibles del baloncesto moderno, pero la fórmula y la estructura para forjar una ‘dinastía’ de tal calibre es para algunos todavía desconocida. Antes de verles en lo más alto, los de la Bahía eran un conjunto instaurado en la parte baja de la tabla que poco tenía que ver con los Stephen Curry, Klay Thompson y Kevin Durant que nos vienen rápidamente a la cabeza cuando pensamos en Golden State y sus años más gloriosos en la NBA.

Muchos equipos de la NBA son etiquetados como ‘grandes mercados’. En este grupo se incluyen ciudades como las de Los Ángeles, Chicago, Boston o Nueva York, lugares idóneos donde captar a las grandes estrellas de la liga siempre ha sido más sencillo. Podríamos incluir en esta lista la Bahía de San Francisco, ciudad en el que la franquicia de los Warriors se instala en 1962 tras mudarse desde el lejano este de Filadelfia. Oakland debía de ser uno de esos mercados de gran éxito, capaz de persuadir a las grandes estrellas. Sin embargo, un proyecto estancando y una gerencia desastrosa nunca le dieron ese estatus a unos Warriors a la deriva desde el inicio del nuevo milenio, que tuvieron un ápice de luz con la llegada de un viejo conocido: Don Nelson.

Don Nelson; el precursor

1335 victorias como entrenador, récord de la NBA en toda la historia e introducido en el Hall of Fame en 2012

Principal artífice del hoy conocido ‘Small Ball’ ya en los años 90 con el maravilloso ‘Run TMC’

Creativo, visionario, innovador. Así lo catalogan algunos de los jugadores que estuvieron a sus órdenes

“Olvídate de la posición, observa a tus mejores jugadores y ponlos juntos sobre la cancha”

Para comprender un poco mejor la cultura de los Golden State Warriors actuales, debemos remontarnos unos años atrás. En 2006, la franquicia de Oakland transcurría por la liga sin mucho brillo, siendo un equipo de bajo calibre y con aspiraciones bajas. Viviendo en una larga transición, los Warriors y sus aficionados recordaban con anhelo los tiempos de aquel brillante equipo liderado por Chris Mullin, Mitch Richmond y Tim Hardaway -padre del actual jugador Tim Hardaway Jr.– al que se le puso el apodo de ‘Run TMC’ conjugando las iniciales de estos tres astros. La década de los 80 y 90 ya se veía en la lejanía y desde entonces, Golden State no había vuelto a saborear las mieles de los Playoffs. Entre aquella etapa maravillosa marcada por los ‘Magic’ Johnson, Larry Bird o un tal Michael Jordan, se colaron unos descarados Warriors que fueron el embrión de un esquema táctico sin precedentes: el “small-ball”.

Tim Hardaway (izquierda), Don Nelson (centro) y Chris Mullin (derecha). Fuente: 1991 NBAE

Un sistema que daba rienda suelta a los tiradores, a los hombres que necesitaban amasar el balón y encestar desde la larga distancia, olvidándose del argumento principal de aquellos tiempos: donde todavía los tipos altos y el juego en estático eran parte fundamental. Aquello que tanto captó la atención del espectador, ese ritmo frenético que hipnotizó a muchos de los amantes de este deporte, no se puede desligar del nombre de Don Nelson, el técnico que orquestó y engrasó una maquinaria que hoy es la vanguardia del baloncesto NBA.

Nelson dirigió a aquellos Warriors desde 1988 hasta 1995, una etapa de claros y oscuros pero que sin duda alguna marca un antes y un después en la liga. En la temporada 1994, aquel equipo comenzó a desarbolarse con la llega de nuevas promesas como el controvertido Latrell Sprewell y fueron eliminados en primera ronda por los Phoenix Suns de Charles Barkley de forma contundente (3-0). Esa sería la última vez que se clasificaron para la post-temporada, hasta que en 2006 la figura del maestro Don Nelson volvió a San Francisco para rescatar a unos Warriors de capa caída.

La situación dio un vuelco de 180 grados. Nelly agitó a un vestuario joven y a su vez con una personalidad magnética a ojos del espectador. Las incorporaciones de Matt Barnes en el verano de 2006 junto al traspaso con el que adquirieron a Stephen Jackson y a Al Harrington les convertían en una plantilla que desprendía carisma a raudales. En aquella temporada 2006/07, Golden State fue el mejor ataque de la liga, el equipo con mejor ritmo sobre el parqué y acabó con una racha de 16 victorias en los últimos 21 partidos para ‘colarse’ entre los ocho mejores equipos de la Conferencia Oeste. Trece años después el Oracle Arena volvía a vivir una serie de Playoffs, una de las series más recordadas en la historia de la competición sin duda.

Los Warriors vencieron por 4-2 en la serie frente a los Mavericks de Dirk Nowitzki, un equipo que se alzó con 67 triunfos en la temporada regular. El ‘We Believe’ se tradujo en una hazaña hasta ahora insuperable

Nunca antes en la historia el octavo clasificado había doblegado al primero, Golden State pasó a los anales de la liga, aunque acabó perdiendo ante los Jazz en las semifinales de Conferencia

Fuente: Getty Images
Fuente: Getty Images

Los Golden State Warriors habían vuelto a la élite de la NBA, aunque fuera de forma fugaz, ya que no volvieron a clasificarse entre los ocho mejores del Oeste hasta la temporada 2012/13. En la memoria queda aquella magnífica campaña donde Baron Davis le sacó los colores a Andrei Kirilenko en el tercer partido de semifinales de conferencia con un mate que marcó un antes y un después. Los de Oakland fueron un torbellino, un equipo con carácter que batió por primera vez en la historia a un primer clasificado en primera ronda -y nadie lo ha vuelto a lograr-. El lema que se instauró en la ciudad –We Believe– fue el detonante de lo que acontecería algunos años más tarde, el embrión de una dinastía iba a culminar en el Draft de 2010, año en el que Don Nelson dejó el puesto de entrenador para abrir una nueva etapa en los Warriors. Sin embargo, el técnico cerró su segundo periplo en la franquicia seleccionando en el puesto número siete al hombre que cambiaría por completo el juego: Stephen Curry, la primera semilla de los ‘nuevos guerreros’.

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